¿Qué es el sexting?
El
"Sexting" ha sido definido frecuentemente como la
transmisión de imágenes de desnudos (o semidesnudos) a través de un
dispositivo electrónico. Algunas definiciones también incluyen la
transmisión de mensajes de texto con contenido sexual explícito. Hasta
la fecha sólo 1 estudio ha examinado la relación entre los mensajes y
fotos con contenido sexual explícito y la conducta sexual.
Sin embargo, debido a que el envío de mensajes y fotos se midió como
un solo punto, los autores no pudieron evaluar la equivalencia de estos 2
comportamientos. Esta distinción puede ser importante porque el envío
de un mensaje con contenido sexual explícito puede no tener las mismas
consecuencias sociales que el envío de una foto. Además, ningún estudio
ha explorado la relación entre estos 2 tipos de comportamientos de
sexting con el riesgo sexual.
Los datos publicados sobre los comportamientos de sexting adolescente
son escasos, dificultando la determinación de la prevalencia. Estudios
de jóvenes de escuela secundaria han sugerido que el envío de fotos de
desnudos o semidesnudos es algo común, con el 18% al 28% de los
adolescentes refiriendo haberlo hecho. El único estudio que incluyó a
adolescentes jóvenes halló que entre el 1% y el 2,5% (dependiendo de la
definición de sexting) de los usuarios de internet de 10 a 17 años de
edad informó haber aparecido en o creado una foto sexualmente explícita.
Sin embargo, las limitaciones metodológicas de este estudio (por
ejemplo, entrevistas a los adolescentes por teléfono con los padres
presentes, métodos de muestreo que dieron lugar a una muestra en gran
parte de raza blanca, con alto nivel socioeconómico, y con 2 padres en
el hogar) hacen difícil sacar conclusiones firmes. Incluso en ausencia
de datos claros respecto a la prevalencia, el sexting todavía puede
servir como un marcador potencialmente importante de comportamiento
riesgoso.
Además, debido a que la juventud comienza a estar más interesada en
las relaciones románticas y en la sexualidad durante la pubertad,el
sexting es probable que surja durante los años de la escuela secundaria;
sin embargo, ningún estudio ha examinado exclusivamente el sexting
entre los adolescentes jóvenes, particularmente en los estudiantes
secundarios en riesgo.
Poco se sabe acerca de las características que separan a los
adolescentes que se dedican al sexting y a los que no lo hacen. Los
hallazgos a partir de estudios transversales de estudiantes de escuelas
secundarias sugieren que los adolescentes que se dedican al sexting
incurren en altas tasas de actividad sexual, hecho que puede ponerlos en
mayor riesgo de embarazo no deseado, VIH, y enfermedades de transmisión
sexual.
Rice y colegas hallaron que los adolescentes que practican el sexting
tenían 7 veces más probabilidades de ser sexualmente activos y casi el
doble de probabilidades de tener relaciones sexuales sin protección que
sus pares. Del mismo modo, un estudio realizado por Temple
ycolaboradores halló que los alumnos de 10° y 11° grado que se dedicaban
al sexting eran más propensos a haber tenido relaciones sexuales.
También hallaron que las niñas que habían enviado fotos de sí mismas
desnudas tenían una mayor probabilidad de involucrarse en relaciones
sexuales de riesgo, incluyendo el tener múltiples parejas y el uso de
sustancias antes del acto sexual.
Otros factores que pueden diferenciar a los adolescentes que practican
el sexting de los que no incluyen la no heterosexualidad, ser blanco o
afroamericano, y la mayor edad. Aunque la investigación es limitada
respecto a los factores cognitivos relacionados con el sexting, varios
estudios han identificado relaciones entre las cogniciones y otros
comportamientos relacionados con el sexo entre adolescentes.
Los informes de intenciones sexuales están relacionados con los
comportamientos sexuales entre los jóvenes con problemas de salud
mental, pero se desconoce si los adolescentes con mayores intenciones de
tener sexo participan en el sexting. Además, un número de estudios
halló que las percepciones y actitudes de los compañeros "sexuales”
predicen la conducta sexual de riesgo entre los adolescentes.
Los adolescentes que practican el sexting pueden ostentar creencias
similares, percibiendo que sus compañeros, padres, e incluso los medios
de comunicación aprueban la actividad sexual. El sexting también puede
estar relacionado con dificultades en el manejo de las emociones. Se ha
hallado que los adolescentes que reportan emociones más intensas y
lábiles y una regulación menos eficaz de estas emociones reportan más
problemas de conducta y más compañeros sexuales.
Además, entre un grupo de adolescentes de alto riesgo que asisten a
escuelas terapéuticas, se halló que la desregulación del afecto se
asocia significativamente con riesgo sexual reciente (ej., no
utilización de preservativos en la última relación sexual). Dado que el
sexting parece vinculado con un comportamiento sexual de riesgo, el
déficit en la regulación de la emoción puede caracterizar a los
adolescentes que practican el sexting frente a los que no lo hacen.
Dadas las lagunas existentes en la literatura, el objetivo del presente
estudio fue examinar la prevalencia de conductas de sexting entre una
muestra de adolescentes jóvenes en riesgo. El
objetivo
fue determinar si la actividad sexual (incluyendo un continuo de
conductas de bajo riesgo y alto riesgo), las intenciones de tener
relaciones sexuales, la aprobación percibida de la actividad sexual, y
las habilidades de regulación afectiva están relacionadas con la
conducta de sexting. También, como sugieren Rice y colaboradores, se
examinó el diferente impacto de enviar mensajes sexuales explícitos
frente a fotos para determinar si estos comportamientos representan
diferentes niveles de riesgo.
Métodos
Sujetos
La muestra estuvo conformada por adolescentes que participaron en el
proyecto TRAC (Talking about Risk and Adolescent Choices: Hablando sobre
Riesgos y Opciones Adolescentes), un estudio de prevención de riesgo
sexual para adolescentes jóvenes en riesgo que reclutó 420 participantes
de 5 escuelas medias públicas urbanas de Rhode Island entre 2009 y
2012.
Los jóvenes elegibles se encontraban en el séptimo grado, tenían
entre 12 y 14 años de edad, y fueron identificados por los consejeros
escolares, enfermeras y administradores por síntomas de dificultades
conductuales o emocionales. Estos profesionales escolares fueron
provistos con una lista de comprobación de síntomas estándar (por
ejemplo, aislamiento, hiperactividad, nerviosismo) para ayudar en la
identificación de los estudiantes.
Se
excluyeron los estudiantes que cursaban un
embarazo, los que se auto-identificaron como VIH positivos, aquellos con
retraso en el desarrollo, con historial de comportamiento sexual
agresivo, aquellos incapaces de participar en grupos en Inglés, o con un
hermano en el proyecto. El personal escolar obtuvo el permiso para
ponerse en contacto con las familias y obtener en persona el
consentimiento y asentimiento.
Medidas
Sexting
Utilizando un lenguaje similar al de Rice y colaboradores, se abarcaron 4
puntos por sí/no sobre la distribución de mensajes sexuales: (1) "En
los últimos 6 meses. . . has enviado mensajes de texto a alguien con una
imagen sexual de ti mismo?" (2) ". . . le has enviado un mensaje de
texto a alguien con contenido sexual para coquetear con ellos?" (3) ". .
. le has enviado por mail o por mensaje electrónico (como Facebook) a
alguien una foto sexual de ti mismo?" y (4) ". . . has enviado por mail o
por mensaje electrónico (como Facebook) a alguien un mensaje sexual
para coquetear con ellos?".
Debido a que las consecuencias asociadas con el sexting parecen
similares independientemente de la modalidad, los análisis se realizaron
por informes de contenido (texto o foto) más que por método de
transmisión. Los adolescentes fueron clasificados como no participantes
en cualquier conducta de sexting (No Sexting), por haber enviado
mensajes sexuales solamente (Texto), o haber enviado fotos sexuales, con
o sin textos (Foto).
Conductas de riesgo sexual
Se utilizaron artículos del Inventario de Desarrollo Psicosexual y
Evaluación de la Conducta de Riesgo Adolescente para evaluar si los
participantes habían incursionado alguna vez en una variedad de
comportamientos sexuales. Se les preguntó a los adolescentes, por
separado, si habían tenido parejas románticas, "amigos con beneficios"
(el hecho de haber realizado actividades sexuales, como besar, tocar, o
tener relaciones sexuales con alguien que no es un novio), si habían
incursionado en actividades sexuales sin penetración (besándose, o
tocándose los genitales) con personas de distinto o del mismo sexo, o si
habían tenido sexo oral o vaginal.
Cogniciones relacionadas con el riesgo
Se evaluaron las intenciones de los adolescentes a participar en sexo
vaginal, anal, oral, y sexo anal o vaginal protegido en los 6 meses
siguientes (1 = nada probable a 5 = muy probable) a través de 4
artículos de la Evaluación de la Conducta de Riesgo Adolescente.
Se utilizaron los 3 ítems de la Escala de Aprobación Percibida de los
Padres (administrados por separado con respecto a madres y padres,
según el caso), los 3 ítems de la Escala de Aprobación Percibida de los
Pares, y los 4 ítems de la Escala de Permiso Sexual Percibido de los
Medios de Comunicación para evaluar la aprobación ambiental percibida de
la actividad sexual.
Los ítems evaluaron cómo creían que sus padres o compañeros
reaccionarían si supieran que participaron en besos, toqueteos sexuales,
o relaciones sexuales (1 = totalmente desaprobado a 4 = muy aprobado).
A nivel de los medios de comunicación, los adolescentes informaron si
los mensajes que reciben de la televisión, artistas musicales, revistas,
y películas avalan el sexo para los adolescentes de su edad (1 =
totalmente en desacuerdo a 5 = totalmente de acuerdo). En todas las
escalas, las puntuaciones más altas indican mayor aprobación percibida
de la actividad sexual.
Competencia emocional
Las capacidades de regulación de la emoción se midieron mediante el uso
de 2 subescalas de la Escala de Dificultades en la Regulación Emocional,
Falta de Conciencia Emocional (6 artículos), y Acceso Limitado a las
Estrategias de Regulación Emocional (8 artículos), utilizando una escala
de 5 puntos. Las puntuaciones más altas indican una mayor dificultad
con las emociones. Se utilizó la Subescala de Auto-eficacia Emocional
del Cuestionario de Auto-eficacia para Niños (8 ítems) para medir la
eficacia percibida por los adolescentes para el manejo de sus emociones
(1 = no en absoluto a 5 = muy bien). Mayores puntuaciones representan
mayor auto-eficacia emocional.
Demografía
Los adolescentes y sus padres aportaron auto-informes sobre la edad, el
género, la raza, la etnia, y el ingreso familiar. Los adolescentes
proporcionaron información sobre el estado puberal a través de la Escala
de Desarrollo Puberal.
Procedimientos
Cuatrocientos dieciocho jóvenes completaron los cuestionarios de
referencia utilizando una auto-entrevista asistida por ordenador de
audio en computadoras portátiles privadas, y que fueron reembolsadas por
su tiempo con tarjetas de regalo. Todos los procedimientos fueron
aprobados por el Comité de Revisión Institucional hospitalario.
Análisis estadístico
Se definieron tres grupos por su comportamiento de sexting: (1) no
sexting, (2) sexting sólo con mensajes de texto, y (3) envío de una foto
sugerente a alguien. Se utilizaron modelos de regresión logística para
hacer comparaciones entre los 3 grupos sobre los comportamientos de
riesgo sexual, y se utilizaron modelos de regresión lineal para hacer
comparaciones para las cogniciones relacionadas con el riesgo y la
regulación del afecto. Los modelos incluyeron comparaciones planificadas
que compararon la categoría de no-sexting con las categorías de sexting
combinadas y luego compararon la categoría de texto solo con la
categoría de fotografía sola.
Todos los análisis controlados por género, etnia y desarrollo puberal
se llevaron a cabo mediante el uso de software PASW Statistics18. Los
tamaños del efecto para las cogniciones relacionadas con el riesgo y las
competencias emocionales se calcularon utilizando ŋ2 parcial y
conversión a la δ de Cohen utilizando fórmulas de conversión estándar.
Resultados
De los 410 jóvenes que proporcionaron datos sobre su comportamiento de
sexting, el 22% informó su incursión en el sexting en los últimos 6
meses, con un 17% enviando textos solamente y un 5% enviando textos y
fotos. El envío de imágenes por teléfono fue informado por un 5%, los
mensajes por teléfono por un 19%, las fotos por Internet por un 2%, y
los mensajes por Internet por un 9%.
Demografía
Los jóvenes que participaron en sexting auto-informaron mayor madurez
física (Escala de Desarrollo Puberal: F2,400 = 4,47, P =0,01), con
aquellos en el grupo de Sólo Texto reportando una mayor madurez que los
del grupo de No Sexting (P ajustada de Tukey-Kramer = 0,01); no hubo
ninguna otra diferencia significativa para la madurez física. También
hubo diferencias en el origen étnico (x22 = 7,27, P = 0,03 ) y el género
(x22 = 7,33, P = 0,03), con los más jóvenes en el grupo de Fotos
identificados como hispanos y mujeres más que aquellos en el grupo de No
Sexting (etnia: x21 = 7,07, P = 0,01; género: x2Sólo 1 = 7,07 , P =
0,01 ) o en el grupo de Sólo Texto (etnia: x21 = 4,64, P = 0,03; género:
x21 = 7,29, P = 0,01).
Conductas de riesgo sexual
Los jóvenes que reportaron practicar el sexting tuvieron más
probabilidades de involucrarse en otras conductas sexuales, con odds
ratios (ORs) ajustados por covarianza que variaron desde 4,45 hasta
7,34. También hubo diferencias entre los grupos de Solo Texto y los
grupos de Fotos, con los jóvenes del segundo grupo siendo más tendientes
a reportar conductas sexuales (OR ajustado: 1,10 a 2,66).
Cogniciones relacionadas con el riesgo
Los jóvenes en los 2 grupos de sexting reportaron mayores intenciones de
entablar actividad sexual, así como más aprobación percibida para la
actividad sexual por parte de sus compañeros, familia y medios de
comunicación (tamaño de efecto ajustado [δ de Cohen]: 0,40 a 0,69). No
hubo diferencias significativas entre los grupos de Solo Texto y de
Fotos sobre estas medidas.
Competencia emocional
Los jóvenes que practicaban el sexting reportaron más dificultades con
la competencia emocional (δ de Cohen: 0,19 a 0,42), con el grupo de
sexting informando significativamente más dificultades con la conciencia
emocional y menor auto-eficacia emocional. Los adolescentes del grupo
Fotos versus Sólo texto también reportaron más dificultades con la
competencia emocional (δ de Cohen: 0,19 a 0,22), pero estas diferencias
no fueron estadísticamente significativas.
Discusión
"El envío de fotos se asocia con una mayor probabilidad de actividad sexual temprana"
Estos datos representan una de las primeras evaluaciones del sexting
en una muestra de jóvenes adolescentes en riesgo. Dado que este estudio
se interesó tanto en mensajes de texto sugerentes como en el envío de
fotos y dado que examinó el sexting en el contexto de otras conductas
sexuales y presexuales, cogniciones relacionadas con el riesgo, y
competencias emocionales, el estudio proporciona importantes
conocimientos sobre la fenomenología del sexting adolescente temprano.
Los resultados sugieren varias conclusiones importantes.
En
primer lugar, el 22% de los jóvenes adolescentes
en riesgo (12-14 años de edad) reportaron practicar el sexting,
porcentaje más alto que los reportes en la población general. Esta mayor
prevalencia entre los adolescentes en situación de riesgo sugiere que
los síntomas emocionales y conductuales que llevaron a la selección de
esta muestra pudieron aumentar la probabilidad de que los adolescentes
tempranos participen en sexting.
Los hallazgos para las cogniciones relacionadas con el riesgo y la
competencia emocional coincidieron con esta afirmación. Los jóvenes que
practicaban el sexting informaron una mayor percepción de aprobación
del comportamiento sexual por los padres, los compañeros, y los medios
de comunicación, mayores intenciones de participar en situaciones
sexuales, menor conciencia emocional, y menor autoestima emocional.
El hecho de que los que practican el sexting destaquen la
probabilidad de riesgo sexual en esta muestra de riesgo seleccionada por
síntomas emocionales o de comportamiento es importante. Se requiere más
trabajo para definir mejor la relación entre el comportamiento y los
síntomas emocionales y el sexting durante la adolescencia temprana.
En
segundo lugar, la conducta de envío de mensajes de
texto sexuales de cualquier tipo, con o sin imágenes, se asoció con una
mayor probabilidad de participar en una variedad de comportamientos
sexuales, incluyendo tocar genitales, tener un "amigo con beneficios",
tener sexo oral, o sexo vaginal. Los adolescentes que practicaban el
sexting tuvieron entre 4 y 7 veces más probabilidades de haber
participado en estos comportamientos sexuales. Por ejemplo, los
adolescentes dedicados al sexting tuvieron 5 veces más probabilidades de
haber tenido relaciones sexuales vaginales, poniéndose a si mismos en
mayor riesgo de embarazo o de infecciones de transmisión sexual.
De acuerdo con la literatura previa, el sexting también se asoció con
conductas sexuales entre personas del mismo sexo. En resumen, el sexting
parece co-ocurrir con conductas de actividad sexual y puede representar
un indicador de riesgo sexual.
Aunque cualquier sexting parece ser un marcador de riesgo sexual, el
envío de fotos se asocia con una mayor probabilidad de actividad sexual
temprana. Los estudiantes que enviaron fotos fueron más propensos que
sus compañeros que enviaban sólo textos a participar en todas las
conductas anteriores, con la excepción de tocar los genitales de
personas del mismo sexo.
Algunos factores demográficos se asociaron con el envío de fotos; las
fotos fueron más probablemente enviadas por mujeres adolescentes y
latinos. Esto puede estar relacionado con los datos demográficos de los
que están solicitando fotos sexuales; por ejemplo, los varones pueden
solicitar imágenes (de mujeres jóvenes) más a menudo; sin embargo, este
estudio no evaluó las características de los compañeros de sexting.
La mayoría de las medidas de
competencia emocional y cognición relacionada
con el riesgo demostraron diferencias entre los adolescentes que
participaron en sexting en comparación con sus pares que no participaron
(aunque no entre los que enviaron sólo textos vs. fotos). Los que
habían practicado el sexting manifestaron más intenciones que sus
compañeros de tener relaciones sexuales en los próximos 6 meses, lo que
sugiere que las intervenciones dirigidas hacia este grupo están
garantizadas.
Otras diferencias sugieren que los adolescentes que practicaban el
sexting tenían menos conciencia de su estado emocional y percibieron
menos auto-eficacia para el manejo de sus emociones. Estos déficits
pueden dificultar que los jóvenes reaccionen ante los demás o pueden dar
lugar a acciones impulsivas manejadas por los sentimientos (como el
sexting). Estas características también pueden llevar a los adolescentes
a utilizar el sexting como una forma de auto-expresión, en lugar de
interacciones directas emocionalmente más desafiantes.
Los resultados también fueron consistentes con el hecho de que los que
practicaban el sexting percibieron una mayor aceptación de la actividad
sexual de parte de su medio ambiente. Estas percepciones pueden
normalizar y reducir las inhibiciones relacionadas con el sexo,
incluyendo el sexting. Alternativamente, los adolescentes dedicados al
sexting pueden atender selectivamente a actitudes que toleran estos
comportamientos.
Se necesita investigación longitudinal para aclarar estas relaciones,
pero estas construcciones pueden proporcionar una dirección para las
intervenciones con jóvenes en situación de riesgo y sus familias, las
que deben ser alentadas para monitorear el sexting así como otros
comportamientos sexuales.
Existen
limitaciones en dichos datos. Estos datos
transversales no permiten conclusiones temporales. La muestra fue
seleccionada en base a síntomas de dificultades emocionales o de
comportamiento y por lo tanto no puede generalizarse a todos los
estudiantes de escuela media; sin embargo, los adolescentes en situación
de riesgo similar a la de esta muestra son frecuentes en muchas
comunidades, haciendo que estos datos sean relevantes para los
practicantes en una variedad de ambientes.
La muestra tenía una minoría de jóvenes con antecedentes de actividad
sexual, y esto limita el poder para discernir subgrupos de patrones
sexuales de riesgo entre los que estaban activos. Estos datos fueron
recogidos por auto-informe y están sujetos a informar sesgos de estos
métodos, aunque el uso de una auto-entrevista asistida por ordenador de
audio para proporcionar privacidad adicional puede haber reducido los
mismos.
La pregunta planteada permitió una gama de posibles interpretaciones
de "foto sexual" o "mensaje sexual". Aunque esto permitió a los
adolescentes definir la intención de su mensaje, no connota claramente
el contenido. Por último, este estudio no recopiló información acerca de
la tecnología y la propiedad o uso de los teléfonos; sin embargo, datos
recientes sugieren que el acceso a esta tecnología es sumamente amplio.
Futuros estudios deberán evaluar la frecuencia del sexting entre los
adolescentes, así como la información relacionada con la influencia de
recibir estos mensajes en el comportamiento sexual, más que de
enviarlos.
Este estudio pone de relieve además que, ya en la escuela secundaria, la
atención debe ser puesta en la comunicación electrónica de los
adolescentes porque el sexting puede ser un marcador de conductas
sexuales de riesgo que pueden tener consecuencias importantes,
incluyendo embarazo o enfermedad.
Los
pediatras deberían alentar a los padres a
vigilar el uso del teléfono celular y la computadora y limitar el acceso
sin restricciones, así como a utilizar las comunicaciones electrónicas
como oportunidades para discutir la relación con la salud. Los médicos
también pueden utilizar el sexting para iniciar la discusión sobre salud
sexual y deben supervisar la relación del paciente con el sexting como
lo hacen con otros comportamientos sexuales.
Como se ha sugerido anteriormente, los mensajes relacionados con el
sexting y las conductas sexuales de riesgo se pueden incorporar en la
educación sobre salud sexual de los jóvenes, incluyendo a los
adolescentes jóvenes que son a menudo grandes consumidores de tecnología
móvil. Educar a los jóvenes acerca de las posibles consecuencias del
sexting, las estrategias para mantener relaciones saludables, y la
relación del sexting con otros comportamientos de riesgo puede reducir
el riesgo de los adolescentes.
La regulación del afecto y de las cogniciones relacionadas con el
riesgo, las cuales difirieron significativamente entre los que
practicaban el sexting en este estudio, puede también representar un
camino importante para plantear intervenciones de reducción del riesgo.